Vista atrás

La semana de los retos de la que hablaba en mi anterior entrada se ha marchado tan pronto como llegó. Hubo Eurogrupo, hubo Ecofin, hubo previsiones macroeconómicas de la eurozona, hubo elecciones sorpresivas en Estados Unidos. Todo se juntó en tres días y a veces parecía que alguien había conspirado para que los periodistas no pudieran respirar ni medio segundo durante esos días.

El domingo, imaginaba un lunes y un martes de sentirme inútil escuchando a ministros europeos hablar sobre economía, finanzas y productos de inversión, entre tantas otras cosas. Imaginaba un miércoles leyendo las previsiones, escribiendo y sintiéndome un poco abrumada por la cantidad de información nueva… pero todo ello regado por declaraciones de felicitación a la primera presidenta de Estados Unidos.

Y el lunes y el martes no fueron tan radicalmente diferentes. Me sentí inútil escuchando a los portavoces que explicaban las conclusiones de estas reuniones, pero eso solo fue al final de cada uno de los días. El resto fue francamente interesante, desde escuchar en las entradas a las reuniones a ministros de los que nunca había oído hablar antes hasta compartir sala de prensa, cafés y conversaciones con periodistas a los que admiro y leía cuando estaba en España.

Y el miércoles Trump ganó, claro.

Mi día empezó a las cuatro y media de la mañana. Abrí un ojo, miré Whatsapp y había decenas desde mensajes desde cerca de tres horas antes, cuando Trump había empezado a tomar ventaja. En las siguientes dos horas, hasta que me levanté para ir a trabajar, estuve dormitando y despertando cada pocos minutos, con el corazón en un puño, convencida de que Trump estaba aún muy lejos de los 270 votos electorales y que estaba previsto que Clinton recuperase terreno según llegaban estados como Michigan, New Hampshire o Wisconsin. Para la hora a la que llegué a la redacción, la tele de plasma que preside la oficina que ocupa Efe en el séptimo piso del centro internacional de prensa de Bruselas ya estaba mostrando el discurso de victoria del republicano.

Las previsiones macroeconómicas de la eurozona me dieron dolor de cabeza y el artículo que escribí sobre los pronósticos de Alemania era MUY amateur antes de que mi compañera me lo editase. Pero, como otra compañera dijo antes de que salieran las previsiones: daba igual lo que escribiésemos, porque a nadie le iba a importar. Un señor naranja nos barrió del mapa.

Si la causa no me diese tanto miedo, diría que casi fue divertido ver Bruselas colapsar con las noticias que llegaban desde el otro lado del Atlántico. Las previsiones, que deberían haber salido a las 9 de la mañana, no llegaron hasta casi mediodía. Se pospusieron todas las ruedas de prensa y todo lo que llegaba eran reacciones de políticos, comisarios, portavoces y representantes. Unos pidiendo unidad, otros temiendo el futuro.

No sé. He tenido casi cuatro días enteros para intentar asumir qué significa este resultado, para comprender lo que nos quiere contar sobre los cambios que están dando forma al mundo en que vivimos. Para recordar que antes del Brexit nadie imaginaba que los británicos querían marcharse, y que el lunes yo no quería pensar que había estadounidenses que no consideraban los comentarios de Trump como un ultimátum, un deal breaker, algo que puede efectivamente impedirte votar por un candidato porque choca frontalmente con tu moral.

Pero no. Sesenta y pico millones de personas probaron que medio mundo estaba equivocado y nos dejaron con el culo torcido esperando a lo que venga a continuación. Que son elecciones en Francia, en Holanda y en Alemania. Y todo nuestro sistema de creencias en juego.

Creo que algún día echaremos la vista atrás y recordaremos esta legislatura como la más pura incertidumbre de la que no solo Estados Unidos, sino también el resto de la democracia occidental, supieron salir enteros.

Esto de vivir tiempos interesantes se nos está yendo de las manos.

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Election night

Hoy, en una cafetería del centro de Bruselas, he hablado con un amigo español de las elecciones estadounidenses. La cultura americana, y particularmente todo lo relacionado con su política y sus noches electorales, es algo que me fascina. Los dos últimos capítulos de la segunda temporada de The Newsroom, que cuentan la reelección de Barack Obama en 2012 desde dentro de una redacción de un telediario en EEUU, aún me emocionan años después de su emisión.

Esta tarde recordaba como, hace cuatro años, yo tenía muchas ganas de quedarme despierta la noche del primer martes después del primer lunes de noviembre para vivir la noche electoral en directo. Los swing states, los too close to call, el mapa electoral volviéndose más azul o rojo según avanza la noche… me llamaban mucho la atención. Entonces estaba en segundo de carrera y la maldita tradición estadounidense de celebrar las elecciones en un martes (y las ganas tontas de querer dormir antes de un dia largo de clase) me privaron de vivir la histórica noche en la que Obama reeditó su éxito del 2012.

Hoy me arrepiento de no haber hecho pellas al día siguiente.

Aquella noche, me imaginé que la Laura de noviembre de 2016 habría acabado la carrera y como mucho estaría estudiando un máster. Nada que le impidiera quedarse despierta toda la noche para conocer al nuevo presidente de Estados Unidos y, sobre todo, vivir la jornada electoral con los medios locales.

La vida ha querido que esta noche electoral me la vaya a pasar durmiendo, preparándome para un miércoles de aúpa en la redacción. Se presenta una semana curiosa. Mañana lunes hay Eurogrupo, el martes Ecofin y el miércoles se publican las previsiones macroeconómicas de los veintiocho países de la Unión. Todos son eventos sobre los que he leído, que siempre he observado desde la distancia prudencial de quien no tiene comprenderlo sino puede esperar a que alguien le dé el titular que lo resuma. Se viene un reto importante y, dentro de los nervios, tengo ganas. Muchas ganas.

El miércoles, el despertador sonará a las seis y media de la mañana, con lo que no podré vivir la noche electoral en directo. Me conformaré con despertarme un poco antes para ver el final de la noche en directo o, al menos, revisionar los dos capítulos de The Newsroom para resarcirme un poco.

Y para 2020… ya veremos desde dónde toca vivirlo.

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Buen tiempo, buen humor

El clima nos está dando una tregua. El hecho de que coincidan un día festivo y uno de buen tiempo no debe de ser lo más habitual aquí, con lo que ayer las calles de mi barrio estaban llenas de gente. Gente con carros de niños, paseando al perro, mayores con bastón… y todos de buen humor. Salí a media mañana y, mientras me colocaba la cámara al cuello a la salida del portal de mi edificio, una señora me preguntó alegremente en francés si quería que hiciera una pose. Y yo, con mi A2 flojillo, me he reí y ya. El nivel de idioma no me da para más que para entender y sonreír.

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Los quince grados de estos días pasados son excepcionales, me dice todo aquel con quien surge el tema del tiempo en inglés o en castellano. Uno que llegó en pleno agosto en chanclas cuando aqui ya estaban a diez grados y lloviendo, y que me puedo considerar afortunada. Creo que ayer fue sido el último día en el que alcanzamos los quince grados. La aplicación del tiempo me dice que hoy bajamos de repente a diez, el jueves a nueve y a partir de ahí ya es un descenso inevitable a los infiernos del mal tiempo. Lluvia, viento, noches desagradables y caminos hacia el trabajo al trote para entrar en calor.

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No es que viva en la ciudad más fría del planeta, pero desanima pensar en que se acaban los paseos a la hora que me apetezca. Aunque lo que peor llevo es, probablemente, el no cambio de hora pese al retroceso en el meridiano. La puesta de sol de ayer fue a las cinco y cuarto de la tarde según Google, hora a la que yo acababa de salir de casa para dar una vuelta y aprovechar el buen tiempo como los belgas llevaban todo el día haciendo. Y, como sabemos, esa hora no hará más que retroceder y retroceder hasta plantarse casi en las cuatro y media de la tarde. A cambio, en verano amanece a las cuatro y media de la mañana. A ver, ¿quién no querría unos horarios así?

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En fin, que estoy aprovechando para conocer todos los parques de Bruselas antes de empezar a trabajar y tener menos tiempo para disfrutar de la ciudad. Ayer conocí el Georges Henri, el del Cinquantenaire y el Parc de Bruxelles. El otoño campa a sus anchas por ellos y deja unas estampas de colores que había que captar con la cámara. Hoy las fotos son propias.

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Y, como bonus…

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Vuelta al ruedo

No tenía yo pensado abrirme un blog para esta nueva etapa. Tenía asumido, de verdad, que le había perdido el gusto a esto de escribir en Internet. Tuve un blog para contar las peripecias de segundo de Bachillerato, hace ya unos cuantos años largos, y después otro cuando me fui a estudiar cinco meses a Alemania (benditas Crónicas Hamburguesas). Hace un año, cuando empecé como becaria en la agencia Efe en Madrid y con nueve meses por delante en los que llamarme periodista, lo intenté otra vez. No cuajó. El último post de aquel blog fue sobre la impotencia tras los atentados de París a mediados de noviembre y ahí se quedó el asunto.

Por eso, cuando hace unos días estaba ultimando los preparativos de mi llegada a Bruselas y recordé que en algún momento de mi vida yo disfrutaba escribiendo un blog, me quité rápido la idea de la cabeza. Para qué, si en el último me faltó motivación, ganas y todo lo que hace falta para mantener un blog decente.

Pero a veces solo hace falta leer algo que te indigne, que te emocione o que te de la chispa que te hace falta para empezar un nuevo proyecto. Este maravilloso texto del blog de Ernesto Filardi ha sido ese empujón que necesitaba para recordar que el calor virtual va a ser necesario en este país en el que en invierno solo tendremos ocho horas de luz al día y las temperaturas máximas se acercarán al cero.

Y porque, qué narices, siempre he sido muy fan de los diarios. Este es uno más, solo que abierto a quien quiera leerlo. Mis nueve meses aprendiendo a ser periodista en Bruselas empiezan ahora. O maintenant, como dicen por esta tierra. El holandés aún no, pero el francés tengo que empezar a practicarlo le plus vite possible.

(foto de http://smaragd01.deviantart.com/)